Pues que como decía ayer Juanma Trueba en As hoy un grupito de jugadores es un poco más inmortal que ayer y nosotros fuimos testigos de esa gesta.
Esta noche en Viena se reparten placas para la eternidad. Para los jugadores la victoria asegura el recuerdo, que es lo contrario a la muerte, la poesía de la alineación titular, el reportaje dentro de 50 años y la ancianidad venerable. Para nosotros, los que miramos, el triunfo nos acredita como testigos, condición que nos permitirá rememorar la batalla frente a las generaciones venideras, de natural ignorantes e impetuosas, y suspirar tras cada discurso que aquello, muchachos, sí que era un equipo de fútbol.
Es lo que justifica tanta euforia desatada, tanta bandera roja al viento, tanta peluca, tanto grito, tanta traca, tanta pasión dramatizada… No, hoy no nos han subido el sueldo a nadie y anoche no sudamos para ganar. Pero, ¿y lo satisfechos que lo contaremos dentro de unos años?
Por cierto, de quitarse el sombrero el titular del Bild alemán (vía La Azotea): ‘Una pena, chavales. Pero los españoles se lo han merecido’.
Y olé también por ese logo de Google
Aclaración.- Ayer discutía con mi chica porque se preguntaba cómo podía emocionarme con estas cosas y hoy necesitaba explicármelo a mi mismo.
Actualización (01/07/2008).- Acabo de recordar otra cita que me ha gustado especialmente estos días. Es de Alfredo Relaño también en As: “Hace un par de días leí un precioso artículo en La Reppublica, que definía al equipo español como un grupo de niños jugando bajo la lluvia, bajo la atenta mirada de su abuelo”. ¿Quién dijo que las crónicas de un diario mejor escritas son simpre las taurinas?









